El teatro desconocido de Fernando Fernán Gómez

El teatro desconocido de Fernando Fernán Gómez

Estamos acostumbrados a pensar en Fernando Fernán Gómez como actor. Su rostro duro y su voz grave llenando el escenario, ocupando la pantalla.

Porque incluso cuando dejó el teatro harto de los ruidos en el patio de butacas, Fernán Gómez se definía primeramente como actor; un actor que, además, algunas veces, dirigía películas y escribía. Sin embargo, como ha recordado recientemente Helena de Llanos, su nieta, con lo que más disfrutaba era escribiendo, mucho más que ejerciendo su profesión. Él mismo lo dijo en una entrevista, hace ya más de 30 años: “si pudiera hacer lo que me gusta, me dedicaría solo a escribir”.

Estamos acostumbrados a pensar en Fernando Fernán Gómez como actor. Su rostro duro y su voz grave llenando el escenario, ocupando la pantalla. Porque incluso cuando dejó el teatro harto de los ruidos en el patio de butacas, Fernán Gómez se definía primeramente como actor; un actor que, además, algunas veces, dirigía películas y escribía. Sin embargo, como ha recordado recientemente Helena de Llanos, su nieta, con lo que más disfrutaba era escribiendo, mucho más que ejerciendo su profesión. Él mismo lo dijo en una entrevista, hace ya más de 30 años: “si pudiera hacer lo que me gusta, me dedicaría solo a escribir”.

Por todo esto es tan importante la publicación de Teatro (Galaxia Gutenberg), un volumen que recoge todos los escritos dramáticos del actor —un total de 26 textos—, en el que verán la luz ocho obras inéditas, junto con siete obras que habían sido estrenadas pero que nunca se habían editado, y una decena que sí habían sido publicadas, como Las bicicletas son para el verano o Los invasores del palacio. De entre los inéditos, destaca especialmente Ojos de bosque, una obra que escribió en 1938, en plena Guerra Civil, con 17 años.

Por todo esto es tan importante la publicación de Teatro (Galaxia Gutenberg), un volumen que recoge todos los escritos dramáticos del actor —un total de 26 textos—, en el que verán la luz ocho obras inéditas, junto con siete obras que habían sido estrenadas pero que nunca se habían editado, y una decena que sí habían sido publicadas, como Las bicicletas son para el verano o Los invasores del palacio. De entre los inéditos, destaca especialmente Ojos de bosque, una obra que escribió en 1938, en plena Guerra Civil, con 17 años.

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La conciencia de Equipo Crónica empezaba en el taller. El grupo estaba formado por Rafael Solbes, Manuel Valdés y Juan Antonio Toledo, pero el nombre de “Equipo Crónica” hacía referencia a su intención de trabajar siempre juntos, “en equipo”, para escapar al ideal del creador libre e individual: no firmar era una forma de manifiesto. Querían que su obra fuese una respuesta visual a la propaganda lanzada por el Ministerio de Información, dirigido entonces por Manuel Fraga, que pretendía atraer turismo internacional con su “Spain is different”, usando los cuadros de Velázquez, Zurbarán o Goya para identificarlos con la cultura institucional del régimen franquista.

La conciencia de Equipo Crónica empezaba en el taller. El grupo estaba formado por Rafael Solbes, Manuel Valdés y Juan Antonio Toledo, pero el nombre de “Equipo Crónica” hacía referencia a su intención de trabajar siempre juntos, “en equipo”, para escapar al ideal del creador libre e individual: no firmar era una forma de manifiesto. Querían que su obra fuese una respuesta visual a la propaganda lanzada por el Ministerio de Información, dirigido entonces por Manuel Fraga, que pretendía atraer turismo internacional con su “Spain is different”, usando los cuadros de Velázquez, Zurbarán o Goya para identificarlos con la cultura institucional del régimen franquista.

Este libro recopilatorio ha sido el resultado del trabajo concienzudo llevado a cabo durante años por Helena de Llanos, en estrecha colaboración con Emma Cohen y Manuel Barrera. Como explica de Llanos en ABC: “encontré varios textos en su último ordenador, y al mismo tiempo otros textos impresos. Vimos que podíamos reunir las piezas teatrales ya publicadas, las que se estrenaron pero no se editaron y las que habíamos descubierto. Son muy amplios temáticamente y también temporalmente; abarcan desde 1938 hasta 2007, el año de su fallecimiento”.

Este libro recopilatorio ha sido el resultado del trabajo concienzudo llevado a cabo durante años por Helena de Llanos, en estrecha colaboración con Emma Cohen y Manuel Barrera. Como explica de Llanos en ABC: “encontré varios textos en su último ordenador, y al mismo tiempo otros textos impresos. Vimos que podíamos reunir las piezas teatrales ya publicadas, las que se estrenaron pero no se editaron y las que habíamos descubierto. Son muy amplios temáticamente y también temporalmente; abarcan desde 1938 hasta 2007, el año de su fallecimiento”.

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El tiempo amarillo

Como ha dejado entrever la misma Helena de Llanos, es posible que Teatro sea el primer volumen de una serie de publicaciones más extensa que se ocupe no solo de los textos dramáticos, sino que recupere ensayos y conferencias del autor. De hecho, desde hace unos años, del Fernando Fernán Gómez escritor ya teníamos disponible una obra maestra que escapaba al género teatral: sus memorias, tituladas El tiempo amarillo y publicados por la editorial Capitán Swing.

El tiempo amarillo

Como ha dejado entrever la misma Helena de Llanos, es posible que Teatro sea el primer volumen de una serie de publicaciones más extensa que se ocupe no solo de los textos dramáticos, sino que recupere ensayos y conferencias del autor. De hecho, desde hace unos años, del Fernando Fernán Gómez escritor ya teníamos disponible una obra maestra que escapaba al género teatral: sus memorias, tituladas El tiempo amarillo y publicados por la editorial Capitán Swing.

Son más de 600 páginas, que abarcan desde 1921 hasta 1997, en las que Fernán Gómez recopila recuerdos y anécdotas, pero que son también un tratado de historia, un ejercicio de memoria con una evidente vocación política: explica desde su toma de conciencia de clase hasta la trayectoria que le llevó a desconfiar de los libros gordos de memorias como el suyo.

Son más de 600 páginas, que abarcan desde 1921 hasta 1997, en las que Fernán Gómez recopila recuerdos y anécdotas, pero que son también un tratado de historia, un ejercicio de memoria con una evidente vocación política: explica desde su toma de conciencia de clase hasta la trayectoria que le llevó a desconfiar de los libros gordos de memorias como el suyo.

La publicación de estos nuevos textos desconocidos nos permitirán completar su figura, rellenar huecos, imaginar lo que no contó en otros sitios. Son un hallazgo literario, pero también una forma de rescatar a ese otro Fernán Gómez, tan reflexivo como divertido, el que no se exhibía frente a la mirada ajena, sino que trataba de dirigirla con sus palabras.

La publicación de estos nuevos textos desconocidos nos permitirán completar su figura, rellenar huecos, imaginar lo que no contó en otros sitios. Son un hallazgo literario, pero también una forma de rescatar a ese otro Fernán Gómez, tan reflexivo como divertido, el que no se exhibía frente a la mirada ajena, sino que trataba de dirigirla con sus palabras.

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