El Joker de Joaquin Phoenix: ¿obra de arte, o monumento a la masculinidad desfasada?

El Joker de Joaquin Phoenix: ¿obra de arte, o monumento a la masculinidad desfasada?

No hace mucho que Joker, la nueva película de Todd Phillips, se convertía en la gran ganadora del festival de cine de Venecia.

No hace mucho que Joker, la nueva película de Todd Phillips, se convertía en la gran ganadora del festival de cine de Venecia. No solo se llevó el León de Oro, principal premio del certamen, sino que causó un terremoto crítico cuyas réplicas seguimos sufriendo hoy y seguiremos sufriendo hasta que el film llegue en octubre a nuestros cines. La película maravilló a los periodistas que pudieron verla, y rompió unas expectativas que ya de por sí eran altas. Para muchos está claro: para el cine de superhéroes, siempre considerado un género menor, Joker será una revolución más importante que Black Panther o que otras películas que consiguieron triunfar en los Oscar.

No hace mucho que Joker, la nueva película de Todd Phillips, se convertía en la gran ganadora del festival de cine de Venecia. No solo se llevó el León de Oro, principal premio del certamen, sino que causó un terremoto crítico cuyas réplicas seguimos sufriendo hoy y seguiremos sufriendo hasta que el film llegue en octubre a nuestros cines. La película maravilló a los periodistas que pudieron verla, y rompió unas expectativas que ya de por sí eran altas. Para muchos está claro: para el cine de superhéroes, siempre considerado un género menor, Joker será una revolución más importante que Black Panther o que otras películas que consiguieron triunfar en los Oscar.

La película vuelve sobre una de las figuras más fascinantes del universo DC, el antihéroe por excelencia de Batman, aunque esta vez con una historia y un guión originales que se apartan de las líneas maestras de los cómics. Lo hace de la mano de un Joaquin Phoenix espectacular —ya se habla de un posible premio Oscar a la mejor interpretación dramática— que como se ha podido ver en los tráilers oficiales encarna un Joker esencialmente trágico y decadente, protagonizando una historia que promete ser más sombría que épica, en la que podremos indagar en las raíces de la maldad de este personaje.

La película vuelve sobre una de las figuras más fascinantes del universo DC, el antihéroe por excelencia de Batman, aunque esta vez con una historia y un guión originales que se apartan de las líneas maestras de los cómics. Lo hace de la mano de un Joaquin Phoenix espectacular —ya se habla de un posible premio Oscar a la mejor interpretación dramática— que como se ha podido ver en los tráilers oficiales encarna un Joker esencialmente trágico y decadente, protagonizando una historia que promete ser más sombría que épica, en la que podremos indagar en las raíces de la maldad de este personaje.

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Precisamente por ello, junto a las voces elogiosas que hablan de una película que marcará un antes y un después, también se han levantado algunas otras más críticas que advierten de los peligros que esta película puede conllevar. ¿Peligros? Sí, pues no se trata de un juicio negativo sobre la calidad estética de la película, sobre el guión o sobre la interpretación de Phoenix, sino todo lo contrario: dado el carácter fascinante e icónico de este nuevo Joker -basta con que veáis algunos fotogramas para comprender lo magnético de su imagen-, lo que preocupa es la recepción de la película, puesto que se mueve en una ambigüedad moral que podría convertirla en un símbolo para el movimiento incel (célibes involuntarios).

Precisamente por ello, junto a las voces elogiosas que hablan de una película que marcará un antes y un después, también se han levantado algunas otras más críticas que advierten de los peligros que esta película puede conllevar. ¿Peligros? Sí, pues no se trata de un juicio negativo sobre la calidad estética de la película, sobre el guión o sobre la interpretación de Phoenix, sino todo lo contrario: dado el carácter fascinante e icónico de este nuevo Joker -basta con que veáis algunos fotogramas para comprender lo magnético de su imagen-, lo que preocupa es la recepción de la película, puesto que se mueve en una ambigüedad moral que podría convertirla en un símbolo para el movimiento incel (célibes involuntarios).

¿Es el Joker una película con un discurso misógino, antifeminista, que se recrea en lo peor de la masculinidad? ¿Legitima las ansias de venganza de un personaje rechazado por la sociedad? ¿Anima al revanchismo contra las mujeres? Para Christina Newland, periodista de The Guardian, el film es mucho más complejo que esto, y no cree que sea un “tóxico grito de lamento para los incels autocompasivos”, como escribió David Ehrlich en la revista Indiewire, pero reconoce —como la mayoría de críticos— que la película transita por un camino dudoso, aunque su mensaje real no sea el de la ultraderecha antifeminista.

Sin embargo, hasta que la película no llegue a nuestras pantallas no podremos saber cómo es recibida por el público —y si la cara de payaso triste llega a convertirse o no en un icono rancio—, pero lo que está claro es que ha abierto un debate interesante en el mundo del cine: ¿la crítica cinematográfica debe tener en cuenta el contexto político en el que se insertan las películas? ¿Deben hacerlo los creadores? Y todavía más relevante: ¿el personaje de el Joker seguiría siendo tan fascinante en otro contexto social?

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¿Es el Joker una película con un discurso misógino, antifeminista, que se recrea en lo peor de la masculinidad? ¿Legitima las ansias de venganza de un personaje rechazado por la sociedad? ¿Anima al revanchismo contra las mujeres? Para Christina Newland, periodista de The Guardian, el film es mucho más complejo que esto, y no cree que sea un “tóxico grito de lamento para los incels autocompasivos”, como escribió David Ehrlich en la revista Indiewire, pero reconoce —como la mayoría de críticos— que la película transita por un camino dudoso, aunque su mensaje real no sea el de la ultraderecha antifeminista.

Sin embargo, hasta que la película no llegue a nuestras pantallas no podremos saber cómo es recibida por el público —y si la cara de payaso triste llega a convertirse o no en un icono rancio—, pero lo que está claro es que ha abierto un debate interesante en el mundo del cine: ¿la crítica cinematográfica debe tener en cuenta el contexto político en el que se insertan las películas? ¿Deben hacerlo los creadores? Y todavía más relevante: ¿el personaje de el Joker seguiría siendo tan fascinante en otro contexto social?

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